Miquel Amorós
Nota: todos los personajes y situaciones que aparecen en este breve ensayo son ficticios, es más, son irreales o el producto de la mente delirante de un demiurgo engañador. Los autores citados lo son por puro azar. Sólo una improbable o imposible casualidad podría hacer que los hechos ficticios aquí imaginados se diesen en la realidad. Como en aquellas malas películas que veíamos en el televisor en la infancia: «Cualquier parecido con la realidad es pura casualidad».

La Sociedad Internacional de Estudios sobre el autor X y lo que realmente pensaba el autor X
La creación de la llamada Sociedad Internacional de Estudios sobre el autor X se presenta oficialmente como un homenaje académico al legado intelectual de X. Sin embargo, esta institución encarna una paradoja filosófica profunda: ¿puede una entidad académica legitimar, custodiar y preservar el pensamiento de alguien que dedicó su vida a criticar precisamente la institución académica y su lógica burocrática? Esta paradoja no es accidental, sino estructural, y puede entenderse a la luz de una crítica que recorre buena parte de la tradición filosófica moderna y contemporánea.
Desde Nietzsche, sabemos que las instituciones culturales tienden a convertir el pensamiento vivo en doctrina y norma. Nietzsche (1887/2006) sostiene que “las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son” (p. 45), porque las instituciones, por su propia naturaleza, transforman la vitalidad crítica en dogma congelado. Esta transformación no es un accidente histórico: es un efecto propio de la cristalización institucional de la verdad. Por ende, la sociedad que pretende “custodiar” el pensamiento de X corre el riesgo de neutralizar precisamente aquello que hizo a X subversivo.
La frase “Solamente aquello falso es verdadero”, atribuida por el profesor Y —recientemente nombrado presidente de la Sociedad y catedrático en la Universidad de Z—, presenta una contradicción lógica evidente: si una proposición es verdadera, no puede simultáneamente ser falsa; si es falsa, no puede ser verdadera. Según Kant (1781/1998), el principio de no contradicción es un requisito básico de todo pensamiento racional (Crítica de la razón pura, A50/B74). Pretender superarlo sin rigor conceptual es, más que transgresión, simple incoherencia.
Deleuze (1968/1994) ofrece una lectura más dinámica del pensamiento y la diferencia: para él, las contradicciones no se resuelven mediante la lógica tradicional, sino desplegando la potencia interna de los conceptos (p. 60). Pero incluso para Deleuze, la afirmación no puede ser un juego arbitrario de palabras: exige un marco teórico sólido que no parece presente en la declaración del profesor Y. Así, la frase enunciada, lejos de revelar una profunda verdad filosófica, funciona como una operación retórica destinada a legitimar acciones institucionales que van en contra del pensamiento auténtico de X.
Gunther Anders (1956/2002) ofrece una clave diagnóstica para comprender este fenómeno: las instituciones producen una “desproporción” entre sus discursos y sus efectos reales (p. 84). Hablan de emancipación, pero consolidan dependencias; hablan de crítica, pero neutralizan cualquier potencia crítica auténtica. La Sociedad Internacional de Estudios sobre el autor X parece ser un ejemplo paradigmático de este diagnóstico: su discurso de homenaje encubre, en realidad, procesos de legitimación corporativa y reproducción institucional de poder: repartición de cargos, prebendas y posiciones de poder. Naturalmente, si apareciera algún disidente, habrá que eliminarlo mediante el silenciador del silencio administrativo, institucional, la amenaza de procedimiento jurídico o la simple y llana expulsión de foros, congresos, publicaciones, puestos académicos o de la presunta vida cívica diseñada para que encaje con el denominado espacio público. La dictadura intelectual se traviste de democracia académica, y tal día hará un año.
Si examinamos más a fondo la carrera del profesor Y, solo caben dos hipótesis: o bien miente de forma consciente para justificar los fines ocultos de la Sociedad, o bien padece una incapacidad cognitiva para percibir la contradicción en la que cae. En ambos casos, el resultado es el mismo: se produce una falsificación interpretativa de la obra de X. Aquí, la crítica de Adorno (1966/1997) es pertinente: “La cultura es el conjunto de mediaciones que tienden a ocultar las condiciones materiales de su producción” (p. 28). La sociedad académica, en lugar de revelar el pensamiento de X, lo mediatiza hasta hacerlo irreconocible.
Michel Foucault (1975/1995) subraya que las instituciones de saber no están desprovistas de relaciones de poder: “El saber está siempre implicado en relaciones de poder que lo sustentan y lo delimitan” (p. 27). La Sociedad Internacional de Estudios sobre el autor X no es un mero ente neutral de investigación; está situada dentro de un campo de poder que delimita qué cuenta como conocimiento “legítimo”. Lo que se celebra no es el pensamiento de X, sino su asimilación en categorías aceptables para la Academia. Pronto se pondrá de moda a X, se le enseñará en las aulas, formará parte de los programas de los pertinentes másteres sobre los que se desarrollará exponencialmente toda una población de insectos académicos coprófagos.
Wilhelm Dilthey (1883/1989) recuerda que comprender a un autor implica reconocer su mundo vital, no simplemente inscribirlo en categorías institucionales rígidas (p. 95). La Sociedad Internacional de Estudios parece ignorar esta advertencia, favoreciendo un enfoque tecnocrático de la obra de X. Derrida (1967/1997) insistiría en que no hay significado fijo sin desplazamiento: cuando el texto se arranca de su contexto crítico y se integra en la maquinaria académica, deja de ser una fuerza subversiva.
Richard Rorty (1982/1999) advierte que la verdad no es acumulación de certezas, sino construcción comunitaria. Si dicha comunidad está condicionada por intereses institucionales, la verdad queda reducida a consenso administrado, comprado, pagado, prostituido. Wittgenstein (1953/2009) añadiría que las palabras tienen sentido solo dentro de juegos de lenguaje concretos: fuera de un contexto riguroso, la frase “Solamente aquello falso es verdadero” se convierte en un sinsentido operativo. Tan operativo como los intereses de medro académico, o los intereses derivados de la edición de las obras de X en traducciones a los diferentes idiomas del mundo. Habrá, por tanto, mucho dinero en juego, además de egos desbocados. La Hybris es más que evidente.
Finalmente, Camus (1942/1991) y Sartre (1943/2007) recuerdan que la autenticidad intelectual implica una responsabilidad ética ineludible. X encarnó esa responsabilidad cuando rechazó la Academia y actuó como francotirador crítico contra la sociedad y contra el establishment académico. Pretender hoy convertirlo en símbolo institucional no es solo contradictorio: es inmoral.
En conclusión, la Sociedad Internacional de Estudios sobre el autor X no puede considerarse un verdadero custodio de su legado. Su existencia confirma aquello que se dice combatir: la institución transforma, mediatiza y neutraliza las fuerzas críticas que buscan desafiarla. La frase “Solamente aquello falso es verdadero”, lejos de ser un enunciado filosófico profundo, se convierte en síntoma de una operación retórica vacía que encubre intereses institucionales y de poder. Las advertencias de Nietzsche, Kant, Deleuze, Anders, Rovira Climent y los demás filósofos aquí citados convergen en una sola idea: solo un pensamiento vivo, irreductible a cánones institucionales, puede desafiar y transformar las condiciones de su época.
Bibliografía
Adorno, T. (1997). Notas hacia una teoría de la cultura (J. López, Trad.). Paidós. (Obra original publicada 1966)
Anders, G. (2002). La obsolescencia del hombre (R. Martínez, Trad.). Traficantes de Sueños. (Obra original publicada 1956)
Camus, A. (1991). El mito de Sísifo (L. Pérez, Trad.). Alianza. (Obra original publicada 1942)
Deleuze, G. (1994). Diferencia y repetición (M. Ramos, Trad.). Pre-Textos. (Obra original publicada 1968)
Derrida, J. (1997). De la gramatología (C. García, Trad.). Siglo XXI. (Obra original publicada 1967)
Dilthey, W. (1989). Introducción a las ciencias del espíritu (J. Gómez, Trad.). Ediciones Universidad. (Obra original publicada 1883)
Foucault, M. (1995). Vigilar y castigar (A. Santos, Trad.). Siglo XXI. (Obra original publicada 1975)
Kant, I. (1998). Crítica de la razón pura (J. Pérez, Trad.). Alianza. (Obra original publicada 1781/1787)
Nietzsche, F. (2006). La genealogía de la moral (L. Molina, Trad.). Alianza. (Obra original publicada 1887)
Rorty, R. (1999). Contingencia, ironía y solidaridad (A. Ruiz, Trad.). Cátedra. (Obra original publicada 1982)
Sartre, J.-P. (2007). El ser y la nada (F. Duarte, Trad.). Alianza. (Obra original publicada 1943)
Wittgenstein, L. (2009). Tractatus logico-philosophicus (M. López, Trad.). Editorial Trotta. (Obra original publicada 1921/1953)
